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Entrevista publicada el 18 de enero en el Semanario El Noroeste.

La primera pregunta es casi obligatoria: ¿Cómo se puede presidir FEREMUR, ser estudiante de Derecho, además subdelegada de la Facultad, y a saber qué me dejo en el tintero? ¿De dónde sacas el tiempo?

La situación se basa en ponerse el despertador a las seis y a las siete ya estoy lista. Llego a las ocho a Murcia, voy a clase, después a la Consejería. Por la tarde un rato en la facultad, estudiando un poco más. Después a la radio o reuniones. Para acabar el día clases de inglés. Ese es un día normal, para mí.

Ahora que ya te conocemos un poco, nos gustaría conocer al integrante de FEREMUR ¿Existe algún perfil predeterminado? ¿Qué crees que diferencia a los miembros de FEREMUR de otras asociaciones?

FEREMUR ofrece a los alumnos un modelo educativo serio. Es un alumno que piensa que el sistema no funciona, que tenemos que reivindicar, porque los alumnos tenemos que reivindicar sin tener que hacer uso de la demagogia incendiaria. Es decir, una protesta basada en informes internacionales. En definitiva, alumnos preocupados por el sistema educativo que van a recibir las futuras generaciones. Nosotros somos una federación que independientemente de que se nos acuse de ser políticos, defendemos el modelo educativo liberal. En este modelo se premia al buen estudiante, hay igualdad de oportunidades, que no de resultados, que son conceptos diferentes. Al fin y al cabo, FEREMUR ofrece formar parte de la red de estudiantes más importante de la región. Esto incluye desarrollar la vida social entre las asociaciones. Sin olvidar que se puede conocer gente, que las ideas llegan a donde deben de llegar y que se pertenece a una asociación que cuando se fija un objetivo lo consigue.

 ¿Y cómo os coordináis y relacionáis entre las asociaciones que formáis parte de FEREMUR?

Nos basamos en nuestra ejecutiva. FEREMUR actúa en educación secundaria, formación profesional y universidad. Cada uno de los miembros de la ejecutiva coordina a los presidentes de las asociaciones. Pese a esto, nosotros nos basamos en la independencia de cada uno de los asociados. ¿Eso qué quiere decir? Qué cada presidente tiene total libertad para hacer lo que quiera y si en algún momento requiere nuestro apoyo, lo tiene al máximo. En definitiva, creemos que la eficacia de la labor que lleva a cabo se debe a la confianza que tenemos en que las labores que llevan a cabo no necesitan ningún control permanente por parte de la directiva.

La Comunidad Autónoma apoya con subvenciones el desarrollo de las actividades de asociaciones como FEREMUR. En 2011, se os concedieron 31.573,50 euros ¿Qué actividades se desarrollaron gracias a este apoyo? ¿Qué resultados produjeron?

Esto fue en el curso 2010-2011. Se llevó a cabo la campaña La Educación Merece Respeto, en cuya segunda parte estamos trabajando. En esta junto al sindicato de profesores reivindicábamos la pérdida de valores en el aula. Otra parte se destinó a llevar a los chavales que habían trabajado durante el año a un camping donde pudieron hacer mil cosas. Tampoco se debe olvidar el gasto en publicidad tanto para los centros, como de asociaciones. También se apoyan proyectos de las asociaciones. Por ejemplo, un curso de FP de electrotecnia desarrolló una serie de proyectos que presentó a concursos a nivel internacional y regional. Éstos fueron apoyados financieramente por FEREMUR al final de que fueran competitivos.

Ya hemos hablado de proyectos pasados, ¿nos podrías contar algo sobre los nuevos retos que se plantea FEREMUR bajo tu presidencia?

Yo quiero revolucionar FEREMUR. Antes, FEREMUR funcionaba de una forma, yo llevo mucho tiempo en la asociación, y ahora lo va a hacer de otra. He defendido un modelo educativo concreto, muy, muy concreto. Éste tiene unas aspiraciones, unas premisas fijas y se ha incentivado a los integrantes de las asociaciones a abrir un debate sobre estas. Esto tiene como fin saber si el modelo que defendemos es común y si vamos a funcionar bien como federación. Es algo imprescindible cuando presides un sitio con tanta gente metida, debes saber si estás hablando por todos. A mí se me critica muchísimo por eso, por ejemplo cuando doy opiniones que no son del todo populares se me dice: “oye qué estás hablando por todos”. Por eso, quiero que se reflexione sobre lo que nosotros somos y queremos. Este paso ya se ha dado, se hizo una conferencia hace un par de meses y donde los presidentes de las asociaciones dieron su punto de vista sobre lo que para ellos era FEREMUR. Se unificaron visiones y se creó un modelo concreto que todos los integrantes de FEREMUR defienden. Mi objetivo fundamental en este tiempo como presidenta es que los estudiantes sepan qué es FEREMUR, lo que se hace; porque tal vez hay alguien que necesite ayuda de una federación como la nuestra, o la nuestra en concreto, y no nos conoce. Quiero salir sabiendo que todas las personas que crean que los estudiantes pueden jugar un papel importante en el sistema educativo, teniendo voz y voto real y efectivo puedan tomar parte en esto; más allá de las manifestaciones, que quien quiera manifestarse me parece estupendo, pero a mí las manifestaciones me gustan más en el despacho que en la calle.

FEREMUR insiste en la idea de que la manipulación se encuentra presente en las aulas. ¿Qué os lleva a esa afirmación? ¿Os han llegado testimonios sobre esto o pruebas de alguna manera?

Eso es algo que me pasó a mí cuando era estudiante. Fue una profesora en concreto que tenía  y otro que había en otro curso. Decían básicamente que si había un poco de decencia se debía ir a la huelga, porque lo que sucedía era una aberración. De todas formas esto es un caso en el que se puede interpretar como una opinión personal, y se puede pasar. Pero, otra cosa son documentos que tenemos por escrito y que hemos mandado a inspección en los que se habla de profesores que dicen que si por él fuera mataría al consejero o que el ministro Wert merece la hoguera. Esto es igual que si dicen que por culpa de Rubalcaba se va a acabar la educación en el mundo entero. En estos casos, los mandamos a inspección y en el 90% ha habido sanción. La ventaja de denunciar a través de FEREMUR es que se puede denunciar de forma anónima sin prejuicio para el alumno, siempre y cuando haya pruebas. Algo muy positivo que tendrá la ley de autoridad docente es que los profesores no tendrían que preocuparse por nosotros; pues tienen principio de veracidad, con lo tanto es el alumno el que tiene que demostrar que eso es verdad y no al revés como pasaba antes. Al fin y al cabo, nosotros buscamos sacar el adoctrinamiento de las aulas.

Si estáis tan seguros de que en las aulas murcianas hay manipulación ¿por qué FEREMUR respalda esa ley de Autoridad Docente, que reforzará la autoridad del profesorado, e incluso exigió una medida de este calibre en 2010? ¿Por qué reforzar la autoridad de aquellos que afirmáis que manipulan?

Precisamente es eso lo que nos lleva a apoyarla. Hay un sector, que no todo el profesorado, que aprovecha su posición como autoridad dentro del aula para reivindicar una serie de cuestiones. Sin embargo, hay muchos profesores que se quieren centrar en la parte de instrucción. Nosotros apostamos porque estos profesores tengan el respeto que se merecen dentro del aula como autoridad intelectual. Esto no quita para que en casos donde existan problemas existan los organismos suficientes para actuar. No quita para que el profesor como autoridad moral tenga el respeto que se merece. Para explicarlo se llevará a cabo una campaña, a fin de que conozcan los beneficios de la ley, que es producto al 50% de FEREMUR, y puedan aportar su visión. Ésta será elevada al consejero, al delegado del gobierno e incluso al ministerio para que se conozca la visión de los estudiantes. Con esto, creo que esta preferencia por el profesor va a mejorar la calidad educativa en las aulas, la falta de respeto ha hecho que la calidad educativa baje con respecto a la que recibían nuestros padres.

Si se llamara a FEREMUR y a ti como su presidenta para asesorar en un proceso de legislación sobre una jerarquía y los roles de cada uno de los miembros de la comunidad educativa ¿Qué propondrías?

En primer lugar creo que se debería equiparar a la administración y a los centros para mejorar la eficiencia y la coordinación entre ambos. Es decir, que vayan en el mismo rumbo, si nos adaptamos a un modelo educativo nos adaptamos a ese, si nos adoptamos al contrario, al contrario. Obviamente, siendo representante de los estudiantes debería decir que los estudiantes deberían ir los primeros. Sin embargo, a la hora de la legislación quienes deberían decidir son los profesores. Por esto pondría en primer lugar a centros educativos y la administración. Entonces: en primer lugar pondría a la Consejería y a la directiva de los centros. En segundo lugar irían los profesores. Después los alumnos, después los sindicatos y asociaciones y por último, los padres.

Otra ley que está en la palestra mediática es la LOMCE, según vuestro manifiesto podría suponer una revolución en el sentido que desean los estudiantes. Pese a vuestra satisfacción, ¿crees que hay alguna laguna o algún aspecto por mejorar en esta ley?

Por supuesto, hay muchísimas cosas que se podrían mejorar. Una de ellas es la competitividad, es decir, la incursión de la iniciativa privada en la educación pública. Otra reivindicación es que el cheque escolar llegue a ser una realidad. Los idiomas como una realidad en sí, potenciarlos mucho más. Una cuestión necesaria y que no se toca casi nada es la primaria. Muchos de los problemas educativos que hay hoy en día vienen de la educación primaria. Dado que hay alumnos que llegan a secundaria sin unas bases firmes. Luego hay otra cuestión que todo el mundo critica porque le conviene. Esto es algo que va a sonar mal, pero nosotros estamos a favor de que se le quite peso a los consejos escolares de los centros. He visto centros que han paralizado el programa de calidad por el consejo. Es decir, que el consejo pasase a tener un plano consultivo. Esto se debe a que creo que los que saben lo mejor para el centro son el equipo directivo.

También nos gustaría conocer cómo es el acercarse al estudiante y presentarle las ideas de FEREMUR. ¿Contáis con el apoyo del equipo directivo de los centros?

Nosotros estamos totalmente en contra del sistema de valoración de la representatividad en la región. Tenemos muchas asociaciones muy numerosas, pero que si nosotros esas asociaciones las dividiéramos por dos tendríamos el doble de representatividad de la que ya tenemos. Esto es absurdo, ya que no contabiliza el número de personas. De este modo, no se valora la representatividad real.

El gran problema es el desconocimiento. No somos capaces de llegar a todo el alumnado que nos gustaría. A esto se une la mala visión de la representación estudiantil, se tiene el concepto de que representar es ser mal estudiante o que solo estás ahí para armar follón. Pero realmente una federación como la nuestra puede ofrecer mil actividades y oportunidades. Y algo que a mí me encanta es que podemos tener contacto con el consejero y que éste lleva nuestras ideas al ministro. Podemos llevar nuestra idea a aquel que está desarrollando la ley que se implantará en el reino de España. Tenemos la opción de cambiar el curso de la educación de las nuevas generaciones. Hay ideas de FEREMUR que se están desarrollando en la LOMCE. De todas formas, Murcia es pionera, tras Cataluña, en representación estudiantil. Muchas federaciones están muertas en otras comunidades y viven del eco mediático de llevar toda la vida allí. Ahora, podemos llegar más a los estudiantes. Antes, un presidente no podía ir instituto por instituto, y era difícil conseguir que los estudiantes vinieran en un horario extraescolar. Al llegar a los institutos encontramos muchas reacciones desde ser recibidos con los brazos abiertos, hasta que nos echen. En otros simplemente les es indiferente. Normalmente el profesorado es más reticente a nosotros que el equipo directivo.

Perdóname que vuelva al pasado, pero me gustaría recordar tu investidura como presidenta. En ésta, numerosas autoridades educativas mostraron su apoyo a FEREMUR, en general, y a tu presidencia. Entre estos el consejero de Educación, Constantino Sotoca, afirmó que las puertas de la conserjería estaban abiertas para FEREMUR. ¿Han cumplido su palabra?

Ha cumplido su palabra al 100%. De hecho, no me puedo quejar de nada, he sido muy, muy crítica con ellos, con cosas que han hecho. Tal vez, sea fallo nuestro el no haberlas hecho públicas, pero hemos preferido solucionar las cosas internamente. La verdad es que yo le he dado muchísimos quebraderos de cabeza al consejero y me recibe cuando quiero, como quiero y porque quiero. Las puertas de las direcciones generales están abiertas para mí, me tratan casi como si fuera de la familia, aunque eso, como te he dicho les doy muchos dolores de cabeza. Pese a todo, el saber que las personas que están en la administración te están escuchando, te tienen en consideración y en estima… y bueno a mí eso me alegra mucho. Al consejero le estimo y respeto mucho.

Y antes de despedirnos me gustaría pedirte que compartieras con los lectores del Noroeste tu idea de una educación perfecta, el objetivo por el que estás en FEREMUR, la educación que quieres para tus hijos.

La educación que yo quiero para mis hijos es: una educación competitiva a través de la cual cuando mis hijos salieran del colegio fuesen personas autónomas. Yo estudié en un sistema  internacional que se basaba en la adquisición de competencias prácticas, éste estaba basado en el modelo de Finlandia, referente internacional en educación. Eso me enseñó a hacer cosas que el resto de mis compañeros no sabían hacer como expresarme, informarme o saber llevar a cabo una bibliografía. Esto no es porque fuese más inteligente o mejor estudiante. Soy una estudiante normal, dentro de la media con cosas que se me dan mejor y otras peor; pero al final el sistema educativo que he elegido me ha permitido adquirir capacidades, que me hacen desenvolverme en el mundo. Entonces, yo quisiera que mis hijos fueran a un colegio público en el que fueran educados por profesores con un nivel docente y de conocimientos que les marcase como a mí me marcó esa última etapa de mi formación. Me gustaría que mis hijos pudieran elegir el centro en el que estudiar, sin imposiciones del Estado, volvemos al cheque escolar. Me gustaría realmente que mis hijos aprendiesen idiomas. Que no necesitasen ir a clases de refuerzo, como en el caso de los idiomas. En definitiva, ser alumnos que sean capaces de desarrollarse desde el punto de vista práctico. Todo esto, sin perder de vista lo que debe ser el colegio: un lugar para desarrollarse intelectualmente, y bueno, socialmente, pero que se vea que el objetivo de la educación es la propia educación.

Los martes a las diez venía la maestra, una mujer callada, de esas que cuando hablan las moscas callan para aprehender . Venía, abría un libro, que tenía forrado con papel de flores, y comenzaba la explicación. Comenzaba la hora de cono, la hora del libro de cono,  de Conocimiento del Medio. Esa asignatura, que a mí personalmente me encantaba, donde te descubrían de todo un poco. Era un repaso a lo más obvio y desconocido a la par; te dabas cuenta de que el agua no hervía porque sí, e incluso hablaban de unos señores en Madrid a los que elegiríamos votando, pero para eso faltaba mucho. Quién me iba a decir que tal vez debamos decirle adiós a ese libro y a la asignatura. Todo esto por cortesía de la nueva reforma educativa, sí, otra más, a la que llaman LOMCE.

No me tomen, queridos lectores, por un nostálgico, que en parte sí lo soy,o por un enemigo del cambio; eso ya no. Ya acuñó ese hombre, que sale en las botellas de Anís El Mono, un término : “evolución”; y ya lo hizo Unamuno más poético con su sentencia: “Renovarse o morir”. Y razón que tenían, nuestro medio ha evolucionado, se ha hecho diferente y las asignaturas, las instituciones, etc. deben ir renovándose y superándose, para estar acorde con estos tiempos en los que mi querida maestra ya está jubilada y mi libro de cono en el altillo.

Cuando pasé del colegio al instituto, mi única preocupación era que tenía que madrugar y estudiar más; sí,  además de nostálgico, soy de los que disfrutan de esos cinco minutos más antes de levantarse. Ahora les tocará comenzar a pensar en el futuro, en el itinerario y ver, con la sombra del siguiente examen para pasar a Bachiller presente, antes que la de la barba; qué rumbo tomar. Y viendo todo lo que se exige que piensen me pregunto si es que tenemos unas generaciones venideras terriblemente maduras o es que los propulsores de esta ley no han pensado mucho en cuando ellos pasaron por las aulas, o no han preguntado demasiado a los que están en ellas.

No sé, tampoco me hagan mucho caso, pero creo que se han olvidado problemas más importantes que la preparación de trabajadores eficientes. No recuerdo haber oído hablar de tomar cartas en el acoso escolar, esa práctica que convierte las aulas en infiernos. Tampoco de la formación de ciudadanos, ¿dónde queda la ética, la filosofía, la literatura? ¿La pisoteamos en pos de las matemáticas? Recuerden: saber calcular no es saber administrarse, ni ahorrar. Pero espero que, al menos, sean matemáticas creativas, resolución de problemas y lógica. Porque la perspectiva de ver que las clases en las que yo disfrutaba de esas explicaciones de cono, de esa profesora, que chistaba con una sonrisa y las gafas en la punta de la nariz , se sustituya por horas de frío cálculo, me entristece y me preocupa. Quiero creer en que la educación debe formar algo más que personal cualificado; en que puede formar ciudadanos; en que en ésta no se olvide que la racionalidad no se limita al calcular, que la mente es el único garante de nuestra humanidad. Necesito creer que las generaciones venideras podrán sonreír, como lo hago yo ahora, al recordar sus libros de cono, o de lo que sean, y a quienes se los enseñaron.

14-N, una nueva cita para los clamores indignados, para suspiros desesperados, para destellos de esperanza y para intereses que se alejan de lo que pone en las pancartas, pero no se disimulan en la mirada. Una concatenación de intereses que marchan por el asfalto de buena parte del país. Se puede hablar de las cifras que patronal y sindicatos muestran, de la diferencia abismal entre estas, de los heridos, de las decenas de detenidos o de la diferencia entre manifestantes y huelguistas. Pero todo esto ya lo harán en otros espacios, se repetirá, se expondrá según la línea editorial. Quiero ir un paso para atrás o para adentro, depende de cómo se mire, me interesa reflexionar sobre los derechos a huelga y a manifestación, en sí.

¿Derecho o deber? La huelga es un derecho, en ningún caso se puede imponer. ¿Derecho o privilegio? En teoría es un derecho, en la práctica para demasiados es un privilegio. Retornando a la primera cuestión, me surge otra: si es un derecho, ¿por qué aparecen espectáculos como el acontecido frente a un local de Madrid, donde una turba ha increpado a la propietaria del local para que cerrase. ¿Cómo se llenan las bocas de derechos, de libertad, si luego por las mismas salen rugidos rabiosos, contra lo que proclaman? Tal vez, antes de increpar se deba reflexionar. Reflexionar sobre qué hace que no todo el mundo pueda ejercer ese derecho. Por un lado, hay personas con una ideología contraria, que respeta pero no comparte la huelga y merecen el mismo trato, respeto. Por otro lado, hay gente a la que la necesidad de llegar a fin de mes le restringe esos derechos; porque nosotros somos los que poseemos los derechos, pero hay ocasiones en las que las circunstancias nos hacen tener que relegarlos en pos de las necesidades. ¿Qué culpa tiene una persona de no llegar a fin de mes o de que su puesto de trabajo penda de un hilo?

¿Derecho o riesgo? Las últimas movilizaciones nos han mostrado que existe un riesgo tanto físico como ideológico. ¿Derecho o propósito de enmienda? La presencia del partido que anteriormente gobernaba, de otros partidos opositores y de movimientos sindicales parece ser un intento de propósito de enmienda por errores pasados. Porque ya hemos visto cómo los antidisturbios cargan, cómo las respuestas a las porras de estos vuelan y cómo por éstas cualquiera puede salir herido. Porque una manifestación es una lluvia de ideas, de banderas y a veces nos puede hacer perdernos en ese maremágnum, en el caos, en la falta de unión, en esa asignatura pendiente de las manifestaciones españolas; donde une un sentimiento, pero separan intereses. Tal vez convenga reflexionar sobre esto. También convendría que los políticos que hoy laureaban a los piquetes, los que se apropiaban de la manifestación, los que se hacían líderes y compañeros no se limitasen a los amagos, a los intentos de parecer simpáticos, humanos y cercanos y ocupasen su lugar. Su lugar es batallar, su batalla no se resuelve en la calle, en la calle está su aliento, está su jefe, el pueblo español. Por eso, queridos y excelentes señores que han ido animar, tomen las ideas, conózcanlas y no las retroalimenten; luchen por ellas. No se ciñan a hacer propósitos de enmienda, asuman sus fallos y enmiéndenlos desde el Congreso, desde el lugar en el que las voces que hoy gritan, callan o se ven amordazadas por las circunstancias les han puesto, actúen y no olviden lo que han escuchado, ni permitan que se obvie.

Esta semana hemos sido testigos del precio que una simple fiesta importada de Norteamérica puede tener. Hemos visto cómo la falta de organización y de seguridad y el descontrol pueden cobrarse, y se han cobrado, la vida de cuatro personas. Un tema alarmante y que provoca un nudo en la garganta. Un nudo que, al menos en mi caso, se convierte en una arcada cuando se ve el tratamiento que recibe por parte de ciertos, por no decir demasiados, medios de información.

A expensas de esta tragedia, esos medios, demasiados medios, han sacado a colación detalles de la esfera privada de las jóvenes difuntas. No bastaba con informar, por activa y por pasiva, de que habían muerto aplastadas, con contactar con expertos para que explicaran cómo habían muerto. No, esto no era suficiente. Hacía falta adentrarse en la vida privada de esas chicas, sacar a relucir relaciones, expedientes y genealogía, hacía falta ahondar en la herida, ¿hacía falta?

Habrá quienes defiendan a capa y espada este periodismo. Habrá quienes hablen de que esto es necesario para generar empatía, que en caso contrario la gente permanecerá pasiva, que la información es fría y los sucesos calientes. Yo soy de los que creen, estúpido de mí tal vez, que la información es fría, sí; que una historia o un suceso puede hacerla más comprensible al lector, pero que este suceso no debe suplir a la información. Porque la información ha de tener una utilidad para nuestro lector, y relatar una muerte, ahondar en una vida defenestrada por una desgracia y vapulear el derecho a la intimidad que todo ser preserva y más en las circunstancias de su muerte, no creo que tenga esa utilidad.

No comprendo la utilidad que tiene generar a expensas de un caso de esta magnitud un circo mediático. Convertir la esfera privada de la persona, que ha fallecido en un lugar o por unas circunstancias públicas, en la de un personaje notorio, suponiendo el equipararla a la de alguien que ha vendido su intimidad; cuando lo que ha hecho es morir y lo que ha hecho durante su vida, hoy truncada, ha sido vivir como tantas otras personas. Y cuando esto sucede, lo peor es que el motivo por el que se ha perdido a esas chicas se diluye entre las circunstancias. Se mezcla el juicio mediático con el juicio legal: llegándolo a entorpecer. Llegando a perturbar la supremacía de la ley, con los gritos orquestados. Porque entre los ya frecuentes mítines populistas que usan la desgracia para ganar votos, se ve algo más triste aún. Se es testigo de cómo se utilizan las desgracias, el morbo y el desgarro de una familia para hacer negocio. Y eso, digan lo que digan, lo denominen como lo denominen, no es periodismo. Eso es una nueva parafilia que creo que solo se puede denominar como necrofilia periodística.

Un emperador, un concejal, un actor porno y el resto del elenco que forman la operación emperador han sido la gran noticia de estos días. Una historia de sexo y dinero manchado, mucho dinero; una historia de esas que dan juego en los titulares. La desarticulación de esta trama ha sido una gran noticia, un motivo para reconocer el esfuerzo de nuestras fuerzas de seguridad. Sin embargo, en este éxtasis patriótico no me paré a pensar en la cara B: la generalización. Hablando con un amigo chino caí en este suceso; la extrapolación del caso de aquel “Emperador” a la comunidad china residente en España. Esa comunidad que ciertos personajes relevantes ponen como ejemplo de superación; esos comerciantes chinos que trabajan como lo hacían las tiendas de antaño en España, como si fueran boticas. Esos comerciantes a los que se acusa de competencia desleal. Esas personas que provienen de un país donde el trabajo está infravalorado, donde se trabaja “a destajo”, como decimos por estas tierras. Unas personas que no es que no cumplan sus deberes, es que, tal vez, no conocen sus derechos.

Porque eso de no conocer nuestros derechos no es exclusivo de aquellos que no nacieron en nuestro país. Este fin de semana hemos sido testigos de cómo miles de gallegos y vascos vapuleaban su derecho a voto. Desidia, tedio, descreimiento, falta de esperanza o váyase usted a saber qué se le pasó por la cabeza a esas gentes para dejar que su voz se convirtiera en una abstención. La verdad, que no sé qué me da más miedo, si el emperador o el imperio de la abulia. Seguramente esas miles de personas que no han votado no facturen tanto como ese señor que ha salido en portada, tal vez si rebuscamos en su vida la única relación con un actor porno se encuentre en su buscador, si no conocen la búsqueda privada; tal vez sea menos llamativo, pero es terriblemente alarmante. Estamos desperdiciando el derecho a ser representados y a no dejar nuestra voz muda de forma involuntaria. Nos compadecemos y nos horrorizamos por lo que se nos muestra y no nos damos cuenta de que nuestros actos labran nuestro destino.

Por ello, tal vez no esté de más pensar antes de juzgar. Tal vez, antes de dejarnos llevar por las cifras de ceros infinitos debamos pensar en que un personaje público, hablo del concejal, no del actor porno; ha estado implicado en esta trama. Tal vez, no sea ningún sacrilegio que asumamos que es la desidia la que hace el camino fácil a estas operaciones. Que es nuestra necesidad de buscar porqués y cabezas de turco la que nos hace pensar que una detención es el fin. Tal vez, antes de lanzar una puya contra los inmigrantes, debamos usar eso que tan poco de moda está, eso que se llamaba autocrítica. Por eso,tal vez, antes de fijarnos en el morbo, debamos fijarnos en los inmensos problemas que están detrás de casos de esta índole. Porque tal vez, por algún motivo inimaginable, debamos pensar en qué hacemos con nuestros derechos, cómo cumplimos nuestros deberes y por qué hay gente que no los tiene en nuestro país. Tal vez reflexionar sea mejor que juzgar, encasillar y enjuiciar.

 

Entre recorte y reforma resuena una reivindicación. España se está convirtiendo progresivamente en uno de los países donde los ciudadanos externalizan más su frustración. La imagen que se tiene del manifestante está totalmente caricaturizada. En estos tiempos hay manifestantes de todos los tipos, reivindicando diversas ideas y luchando por infinidad de causas.

Una manifestación no es la confrontación con la policía; no son solo gritos y pancartas; es en buena parte de los casos una llamada de atención sobre un tema de imperiosa necesidad. Lo curioso y a veces confuso es que ciudades como Madrid se han convertido en el “manifestódromo” de Europa. Llega un punto en el que no sabes ni en qué masa te has metido. El domingo fluían por la capital española una manifestación contra los recortes y una en pos del aborto cero. Perfiles opuestos pero una misma forma de actuar.

El gran problema es que los manifiestos suelen ser papel mojado y pisado por los manifestantes. No es extraño ir a una manifestación, sea de lo que sea, en la que el cielo se inunda de globitos corporativos. Tampoco extraña hablar con una manifestante que defiende el aborto cero y otra que pide un poco más de control. Del mismo modo puedes escuchar gritos a favor de la república, mientras otro grita por la liberación de la mujer y el del fondo mueve de forma vibrante un estandarte antitaurino.

La pluralidad está genial. El problema de esta en las manifestaciones surge cuando no se sabe lo que se defiende. Si solo se grita de forma incontrolada, si las voces son un zumbido que no es escuchado, no se consigue nada. Tal vez sea por nuestra falta de tradición en eso de meternos en asuntos políticos. Por lo que sea en España se suele gritar o ensordecer, antes de dialogar.

Tal vez más dialogo y menos imposición. Señores, la manifestación debe buscar la apertura de un debate social, no imponer un modelo social. Por eso, cuando los gritos de España evolucionen hacia el diálogo y de este al grito común, pausado y sonoro, se podrá actuar; se podrá protestar.

 

El 25 de septiembre comenzaba con rumores. Por un lado, unos hablaban de movimientos radicales tomando Madrid; otros de unas defensas megalíticas alrededor del Congreso; otros hablaban de que todo este tema al final iba a ser un sueño de Resines. Diversidad de rumores que han concluido en una palabra: fracaso. Fracaso porque el éxito de una manifestación no es solo el número de asistentes, es la apertura de un debate social sobre la reivindicación que se defiende. Fracaso, porque los golpes han tenido más relevancia que las ideas.

 Por supuesto, habrá quienes consideren al 25-S como un éxito, un intento de golpe de Estado, una mera reunión de perroflautas o una muestra de fascismo. Mi opinión es  que el 25-S ha sido un gran fracaso. Tampoco puedo afirmar qué habría sido un éxito en el 25-S; ya que las miles de personas que han asistido no han firmado unos objetivos. Cada cual ha ido por un motivo de indignación o de promoción. Banderas y pancartas que ondeaban entre los gritos de los que reivindicaban son pruebas de ello.

 Ha fracasado la protesta pacífica. De esto son testigos y pruebas los más de 60 heridos. De entre ellos cuatro policías y un manifestante con una lesión medular, según informaba el SAMUR. Podemos demonizar a cualquiera de los dos bandos, culpar a quién nos parezca más deleznable, pero la realidad es que esta noche, esas personas, porque al fin y al cabo son personas con nombre, apellidos y familia, estarán en el hospital.

 Ha fracasado el mensaje. La policía nacional debe transmitir un mensaje de seguridad; en este caso ha sido al revés. Ver a un policía lanzado pelotas de goma desde un andén al otro; la imagen de Atocha convertida en un frente, es de todo menos tranquilizadora. Ver del mismo modo como una iniciativa pacífica se llena de mensajes generalizadores, de oportunistas convertidos en portavoces y como las voces coherentes, los gritos de ayuda se pierden entre provocaciones y discursos prefabricados. Es un fracaso en tiempos de democracia que el titular sean los golpes y no las ideas.

 Ha fracasado la marca España. La misma por la que el rey y el presidente, Mariano Rajoy, viajaron a EEUU. La misma que ha sido defenestrada internacionalmente, con imágenes de confrontaciones, agresiones y demás espectáculos repulsivos. España ha ocupado titulares que llevan como componentes: golpes, batalla, enfrentamientos, rebelión, garrotazos, etc. Teniendo en cuenta el peso del turismo en este país, ha sido un gran revés esta imagen, este fracaso, este espectáculo kafkiano que pocos esperábamos.

 Lo que espero que no fracase es nuestro país. Espero que la intransigencia no venza al diálogo. Espero que el orgullo y el miedo no venzan a la necesidad de información y de claridad. Espero que el miedo nunca venza a la razón. Espero que las mentes cerradas, a diestra o siniestra, no acaben con los denominadores comunes que comparte nuestro país. Espero que el fracaso no llegue nunca a este proyecto común, a este país nominalmente llamado España; pero que formamos más de 47 millones de personas, nunca nos olvidemos. España no tiene dueño, tiene ciudadanos con los derechos y deberes que esto acarrea. 

 

Salir de la Comunidad de Murcia no es algo inaudito. Buena parte de los que tenemos sangre murciana, tenemos primos por toda España. Aquellos primos, repartidos por la geografía nacional, abandonaron la huerta para ir a lugares industriales, hacer fortuna o intentarlo al menos.

Seguir su ejemplo no es nada fácil. Es dejar atrás tu tierra, lo que has vivido y conocido muchos años. Al salir de ella te das cuenta de una cosa: nadie tiene ni idea de cómo es el lugar del que vienes. Una serie de estereotipos y prejuicios, alentados por ejemplos mediáticos nada representativos, hacen que Murcia y los murcianos seamos grandes desconocidos.

Al presentarte y decir de dónde vienes hay tres respuestas bastante repetitivas. La primera es hablarte de la Manga, a lo que me toca contestar que nunca he estado allí. La segunda, preguntarte si conoces a no sé quién; a algunos les cuesta entender que Murcia no es un pueblo. La tercera, y la que más me desconcierta, decir: “Acho, pijo, guevo” y esperar que ¿te rías?

Ante esto me pregunto si algunos de mis interlocutores sabrán ciertas cosas de Murcia. ¿Sabrán que Guillén, Lorca, Alberti, Alonso y otros grandes dejaron su firma en Verso y Prosa, revista murciana? ¿Sabrán que Juan de la Cierva, aquel que da nombre a tantas calles en nuestro país, venía de nuestra patria chica? ¿Sabrán del arte que las manos de Salzillo crearon o las ideas que sentaron a la mesa de Dalí a Emilio Pérez Piñero? ¿Sabrán algo del prestigio de la Universidad de Murcia en campos como el Derecho? ¿Cuántos sabrán algo más de Murcia además de que decimos “acho” y merendamos eses?

Es en Murcia donde aprendí el valor de la tierra, donde me formé y eduqué gracias a grandes profesores, donde me enseñaron que más allá de la apariencia está la esencia y que esta es individual. Es todo esto lo que me hace comenzar este viernes 21 de septiembre a acompañarles durante un tiempo, que esperemos sea un gran tiempo.

Esta ha sido mi primera vez en la prensa impresa, y la verdad que ha sido bastante satisfactoria ;).

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