Entre recorte y reforma resuena una reivindicación. España se está convirtiendo progresivamente en uno de los países donde los ciudadanos externalizan más su frustración. La imagen que se tiene del manifestante está totalmente caricaturizada. En estos tiempos hay manifestantes de todos los tipos, reivindicando diversas ideas y luchando por infinidad de causas.

Una manifestación no es la confrontación con la policía; no son solo gritos y pancartas; es en buena parte de los casos una llamada de atención sobre un tema de imperiosa necesidad. Lo curioso y a veces confuso es que ciudades como Madrid se han convertido en el “manifestódromo” de Europa. Llega un punto en el que no sabes ni en qué masa te has metido. El domingo fluían por la capital española una manifestación contra los recortes y una en pos del aborto cero. Perfiles opuestos pero una misma forma de actuar.

El gran problema es que los manifiestos suelen ser papel mojado y pisado por los manifestantes. No es extraño ir a una manifestación, sea de lo que sea, en la que el cielo se inunda de globitos corporativos. Tampoco extraña hablar con una manifestante que defiende el aborto cero y otra que pide un poco más de control. Del mismo modo puedes escuchar gritos a favor de la república, mientras otro grita por la liberación de la mujer y el del fondo mueve de forma vibrante un estandarte antitaurino.

La pluralidad está genial. El problema de esta en las manifestaciones surge cuando no se sabe lo que se defiende. Si solo se grita de forma incontrolada, si las voces son un zumbido que no es escuchado, no se consigue nada. Tal vez sea por nuestra falta de tradición en eso de meternos en asuntos políticos. Por lo que sea en España se suele gritar o ensordecer, antes de dialogar.

Tal vez más dialogo y menos imposición. Señores, la manifestación debe buscar la apertura de un debate social, no imponer un modelo social. Por eso, cuando los gritos de España evolucionen hacia el diálogo y de este al grito común, pausado y sonoro, se podrá actuar; se podrá protestar.

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