Hoy, ha quedado constatada una nueva máxima periodística: “En cuanto a criterio noticioso se refiere, un perro occidental equivale a más de 3000 vidas africanas”. Eso es lo que revela el tratamiento mediático que se ha dedicado a Excálibur, protagonista totalmente involuntario del circo mediático que representa el ébola en la prensa occidental y otra víctima de la caótica gestión de este tema.

“Niña, te doy lo que me queda en la cartilla si me guardas el suero ese, por si las moscas”, decía ayer una anciana con complicidad temerosa a una farmacéutica madrileña. El perro, que ya no es uno cualquiera, también ha valido más, mucho más, a la prensa que la inseguridad ciudadana, que el miedo y que la falta de respuestas que vivimos en Madrid.

Fuentes de la zona donde la auxiliar de enfermería (me niego a usar su nombre, y menos su foto de domingo resaquero) reside han confirmado a quienes nos molestamos en llamar o preguntar que en la zona hay guarderías. Centros donde acuden niños menores de tres años y que han llamado a “tres o cuatro sitios” y a los que no les dicen nada de qué hacer, ¿Cierran? ¿Abren? ¿Hay riesgo? ¿Qué?. Señores que acosan a enfermas o buscan perros, por favor, giren el micro o la cámara.

Sin embargo ¿qué podemos esperar cuando la infectada se enteró que lo estaba por la aplicación móvil de un diario nacional?

Quien escribe no se considera especista, es más no faltan seres humanos que me provocan urticaria; eso sí sin pedir su sacrificio cómo hizo hoy Pérez Reverte con la ministra Ana Mato. Creo en eso de que una civilización se mide por cómo trata a otros seres vivos, sin embargo, me pregunto en qué civilización vivo cuando un perro parece valer más que casi las 3338 vidas que el ébola ha sacrificado.

PD: por cierto, hay miles de animales esperando en perreras vuestro apoyo. No nos olvidemos de ellos, por favor.

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