Los martes a las diez venía la maestra, una mujer callada, de esas que cuando hablan las moscas callan para aprehender . Venía, abría un libro, que tenía forrado con papel de flores, y comenzaba la explicación. Comenzaba la hora de cono, la hora del libro de cono,  de Conocimiento del Medio. Esa asignatura, que a mí personalmente me encantaba, donde te descubrían de todo un poco. Era un repaso a lo más obvio y desconocido a la par; te dabas cuenta de que el agua no hervía porque sí, e incluso hablaban de unos señores en Madrid a los que elegiríamos votando, pero para eso faltaba mucho. Quién me iba a decir que tal vez debamos decirle adiós a ese libro y a la asignatura. Todo esto por cortesía de la nueva reforma educativa, sí, otra más, a la que llaman LOMCE.

No me tomen, queridos lectores, por un nostálgico, que en parte sí lo soy,o por un enemigo del cambio; eso ya no. Ya acuñó ese hombre, que sale en las botellas de Anís El Mono, un término : “evolución”; y ya lo hizo Unamuno más poético con su sentencia: “Renovarse o morir”. Y razón que tenían, nuestro medio ha evolucionado, se ha hecho diferente y las asignaturas, las instituciones, etc. deben ir renovándose y superándose, para estar acorde con estos tiempos en los que mi querida maestra ya está jubilada y mi libro de cono en el altillo.

Cuando pasé del colegio al instituto, mi única preocupación era que tenía que madrugar y estudiar más; sí,  además de nostálgico, soy de los que disfrutan de esos cinco minutos más antes de levantarse. Ahora les tocará comenzar a pensar en el futuro, en el itinerario y ver, con la sombra del siguiente examen para pasar a Bachiller presente, antes que la de la barba; qué rumbo tomar. Y viendo todo lo que se exige que piensen me pregunto si es que tenemos unas generaciones venideras terriblemente maduras o es que los propulsores de esta ley no han pensado mucho en cuando ellos pasaron por las aulas, o no han preguntado demasiado a los que están en ellas.

No sé, tampoco me hagan mucho caso, pero creo que se han olvidado problemas más importantes que la preparación de trabajadores eficientes. No recuerdo haber oído hablar de tomar cartas en el acoso escolar, esa práctica que convierte las aulas en infiernos. Tampoco de la formación de ciudadanos, ¿dónde queda la ética, la filosofía, la literatura? ¿La pisoteamos en pos de las matemáticas? Recuerden: saber calcular no es saber administrarse, ni ahorrar. Pero espero que, al menos, sean matemáticas creativas, resolución de problemas y lógica. Porque la perspectiva de ver que las clases en las que yo disfrutaba de esas explicaciones de cono, de esa profesora, que chistaba con una sonrisa y las gafas en la punta de la nariz , se sustituya por horas de frío cálculo, me entristece y me preocupa. Quiero creer en que la educación debe formar algo más que personal cualificado; en que puede formar ciudadanos; en que en ésta no se olvide que la racionalidad no se limita al calcular, que la mente es el único garante de nuestra humanidad. Necesito creer que las generaciones venideras podrán sonreír, como lo hago yo ahora, al recordar sus libros de cono, o de lo que sean, y a quienes se los enseñaron.

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