Un emperador, un concejal, un actor porno y el resto del elenco que forman la operación emperador han sido la gran noticia de estos días. Una historia de sexo y dinero manchado, mucho dinero; una historia de esas que dan juego en los titulares. La desarticulación de esta trama ha sido una gran noticia, un motivo para reconocer el esfuerzo de nuestras fuerzas de seguridad. Sin embargo, en este éxtasis patriótico no me paré a pensar en la cara B: la generalización. Hablando con un amigo chino caí en este suceso; la extrapolación del caso de aquel “Emperador” a la comunidad china residente en España. Esa comunidad que ciertos personajes relevantes ponen como ejemplo de superación; esos comerciantes chinos que trabajan como lo hacían las tiendas de antaño en España, como si fueran boticas. Esos comerciantes a los que se acusa de competencia desleal. Esas personas que provienen de un país donde el trabajo está infravalorado, donde se trabaja “a destajo”, como decimos por estas tierras. Unas personas que no es que no cumplan sus deberes, es que, tal vez, no conocen sus derechos.

Porque eso de no conocer nuestros derechos no es exclusivo de aquellos que no nacieron en nuestro país. Este fin de semana hemos sido testigos de cómo miles de gallegos y vascos vapuleaban su derecho a voto. Desidia, tedio, descreimiento, falta de esperanza o váyase usted a saber qué se le pasó por la cabeza a esas gentes para dejar que su voz se convirtiera en una abstención. La verdad, que no sé qué me da más miedo, si el emperador o el imperio de la abulia. Seguramente esas miles de personas que no han votado no facturen tanto como ese señor que ha salido en portada, tal vez si rebuscamos en su vida la única relación con un actor porno se encuentre en su buscador, si no conocen la búsqueda privada; tal vez sea menos llamativo, pero es terriblemente alarmante. Estamos desperdiciando el derecho a ser representados y a no dejar nuestra voz muda de forma involuntaria. Nos compadecemos y nos horrorizamos por lo que se nos muestra y no nos damos cuenta de que nuestros actos labran nuestro destino.

Por ello, tal vez no esté de más pensar antes de juzgar. Tal vez, antes de dejarnos llevar por las cifras de ceros infinitos debamos pensar en que un personaje público, hablo del concejal, no del actor porno; ha estado implicado en esta trama. Tal vez, no sea ningún sacrilegio que asumamos que es la desidia la que hace el camino fácil a estas operaciones. Que es nuestra necesidad de buscar porqués y cabezas de turco la que nos hace pensar que una detención es el fin. Tal vez, antes de lanzar una puya contra los inmigrantes, debamos usar eso que tan poco de moda está, eso que se llamaba autocrítica. Por eso,tal vez, antes de fijarnos en el morbo, debamos fijarnos en los inmensos problemas que están detrás de casos de esta índole. Porque tal vez, por algún motivo inimaginable, debamos pensar en qué hacemos con nuestros derechos, cómo cumplimos nuestros deberes y por qué hay gente que no los tiene en nuestro país. Tal vez reflexionar sea mejor que juzgar, encasillar y enjuiciar.

 

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