Dejamos atrás 2012. Un año en el cual hemos tenido más malas que buenas noticias. Un año en el que a casi todos nos ha tocado la crisis, a muchos de nosotros solo nos tocó la crisis, ya que las vacas gordas solo las vimos en tierras vecinas. Ahora que hemos culminado un año de alegrías y lágrimas, lo comenzamos con las últimas.

 

No hablo de las lágrimas que muchos hemos tenido que derramar al ver cómo los motores de nuestra economía se paralizaban, y cómo dejaban paralizados a seres muy cercanos a nosotros. Les hablo de unas lágrimas que no sé si llegaron a salir de los ojos de su portadora, les hablo de las lágrimas de la vicepresidenta, de Soraya Sáenz de Santamaría Antón. Un aviso, antes de que sigan leyendo: si lo que les interesan son gritos rabiosos sobre si actuaba o no, dejen de leer.

 

Si nos centramos en las lágrimas en exclusiva nos estamos equivocando de camino. Esas lágrimas no van a resucitar a aquellas personas que no han deseado continuar creyendo en la solidaridad de España, a la que aludió la vicepresidenta. Esas lágrimas no van a secar a aquellas que ya han sido derramadas, al ver cómo seres queridos desaparecían en esos ciclos que hacen que nuestras vidas se tambaleen: los económicos.Esas lágrimas no sé, ni sé si quiero saber, qué son.

 

Lo que sí que quiero saber es qué va a pasar con las familias que tienen un niño mayor de 3 años, esos que como ella dijo lo padecen sin ser culpables; a las cuales no acoge la medida que presentaba Sáenz de Santamaría, según dijo ella misma. Lo que quiero saber es qué va a pasar con los hogares que se han convertido en reinos silenciosos de la ninfa Eco. Lo que quiero saber, si es que se puede saber, es si de verdad cree que España puede salir adelante; si cuando la deuda diga de ser cobrada vamos a poder responder a lo que pedimos. Lo que quiero saber no es si Soraya Sáenz de Santamaría tiene lágrimas o es una gran actriz.

 

Me intriga saber si hay consciencia de que hay más cosas en crisis. La fe en el Estado español que casi todos levantaron hace ya años. Esa ruta democrática marcada por el sendero de D´Hondt. ¿Qué pensarán aquellos que hoy sufren la crisis, sin saber escribir prima de riesgo cuando sean mayores? ¿Qué recordarán de España? ¿Seremos nosotros, los de los noventa y los ochenta, los primos que viven en el extranjero, los que se fueron a ganarse la vida? Sinceramente, me dan ganas de llorar por la incertidumbre. Me dan ganas de preguntar: ¿España, qué va a ser de ti? Porque creo, y tal vez solo sea yo, que lo que hace falta son respuestas, hechos, garantías. Coincido con la vicepresidenta en que todo eso lo tenemos que hacer juntos; pero eso, juntos e informados; desde nuestra labor, asumiendo nuestra responsabilidad y creyendo en lo que hacemos, creyendo en el país que conformamos, creyendo en nosotros.

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