La infancia suele asociarse a la imagen de felicidad, suele ser el summun del tópico de que todo tiempo pasado fue mejor. Sin embargo, ese concepto de infancia tan extendido de la mano de la globalización es terriblemente limitado. Los caballeros de la globalización, cuales señores de los tiempos del medievo, han utilizado su derecho de pernada en muchos, demasiados, países; han implantado la prioridad del máximo beneficio y han dado lugar a dos extremos: los hijos de la globalización, sobrealimentados y consumidores natos y bastardos, fruto de sus arrebatos de ambición instintiva y los cuales sustentan a los primeros. Así, mientras unos ríen con Bob Esponja, otros ríen y gritan sádicamente cánticos de guerra que suenan a supervivencia; mientras unos huyen de las vacunas, otros las prueban y mientras unos gritan extasiados en el día de navidad, otros gimen pidiendo ayuda entre caricias repulsivas que se marcan a fuego en su vida. Analizar todos los abusos que sufren niños a día de hoy es imposible, porque los tupidos velos aún abundan. Hoy conoceremos 3 tipos de niños, que han perdido su infancia sin saber el porqué:

Sylvain nunca tuvo un videojuego, su arma era de verdad y le enseñaron a estar orgulloso de usarla; Natalia tomó el revolver a la fuerza y fue madre con 14 años como resultado de una de las múltiple violaciones que sufrió. Estas son dos de los casos que muestra Intermon Oxfam. Historias de niños, cuya inocencia fue arrebatada y cuya mirada solo refleja la desesperación del animal que desea sobrevivir; pero cuyo interior alberga deseos, pues aunque les hayan obligado a asesinar, a mutilar, a depender de las drogas para poder seguir adelante son niños, soldados, pero niños.  Tal vez fue Ska-P los que reflejaron con más crudeza esta realidad en su tema, Niño soldado:

Tailandia tal vez sea el lugar donde los niños pasan a ser objetos de un placer caracterizado por la corrupción de la inocencia y la dominación. Venta de menores, explotación sexual, heridas para evitar su fuga, SIDA y heridas incurables en la psicología de los niños son solo algunas de las realidades con las que se encuentra la ONG Somos1. No solo en territorio asiático encontramos esta aberración. 680 fueron los menores de edad que en el periodo de 2002 y 2006 fueron hallados por la policía ejerciendo de forma forzosa la prostitución en nuestro país. España tiene una situación estratégica para el tráfico humano y en tiempos de crisis un contexto realmente alarmante. Sea donde sea, la prostitución infantil tiene un rasgo en común, el silencio, los gritos apagados y las lágrimas que algunos toman por una perturbadora parafilia sexual más. En este reportaje muestran este hecho, esos gritos silenciados por un placer egoísta y basado en el sufrimiento:

Es mítica la imagen de la cobaya de laboratorio, ahora sustituyámosla por un niño y tendremos otro tipo de infancia. El niño cobaya, un ejemplo: los niños argentinos que utilizó la empresa Glaxo. Niños cuyos padres analfabetos, familiares sin autoridad e incluso progenitores sin capacidad psíquica prestaron a la empresa, para probar una vacuna contra la neumonía y la otitis aguda. Las pruebas del medicamento contra la meningitis de Pfizar también dejaron su rastro con más de 200 niños cobayas, de los cuales la mayoría están a la espera de alguna compensación.

No son estos los únicos casos. Se podría hablar de los niños recolectores de basuras, camuflada como aportaciones al desarrollo de las TICs al tercer mundo, que sobrellevan sus jornadas esnifando pegamento. Los niños que sufren la explotación laboral, algo que da para muchas entradas sobre el tema. En definitiva, diversos tipos de infancias, que poco tienen que ver con el concepto de felicidad que se ha globalizado, que demuestran que para que un niño encuentre su juguetito en su menú infantil, otro lo tiene que fabricar.

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