Obituarios de Chavela Vargas escritos por personas que de nada la conocían como yo, sobran. Nunca tuve el placer o la desgracia, váyase usted a saber, de conocer a Isabel Vargas Lizano como aún la llaman los vecinos del pueblo, hoy día ciudad, que la vió nacer. Ella misma se encargó de escribir su despedida y dejó claro que no quería homenajes, a no ser que fueran de la cámara de Pedro Almodóvar. Por este motivo, esto no va a ser un obituario de alguien a quien solo conozco por su música.

Cuando alguien muere, los medios se llenan de pésames, en proporción a la prominencia o a la inversión que los familiares realicen en esquelas, claro. Siempre he pensado que esto es como un recordatorio de la volatilidad de la vida humana; hoy estás en pleno fulgor, gozando o sufriendo del estrellato, y mañana se apaga todo. Sin embargo se suele cometer el mismo fallo, siempre se asesina al artista . Los medios hablan de la muerte de Chavela Vargas. Queridos señores y estimadas señoras: Chavela Vargas no ha muerto.

Los seres humanos son los que mueren; pero la parte del alma que algunos de estos dejan en su arte, o se suicida, o la matan. No hablo de un crimen de sangre o de saltar desde un quinto piso; hablo de que para que la obra de un artista, que será su presencia inmortal en este mundo, muera tiene que ser este mismo o el juicio del público el que acabe con ella. Este no es el caso de Chavela Vargas, la mujer que pronosticó su muerte sobre un escenario. Tal vez Isabel Vargas no haya fallecido de este modo y Chavela Vargas tampoco correrá esa suerte, porque la Vargas es única y aún le queda mucha guerra que dar.

Chavela Vargas, esa voz que supo recoger el sufrimiento, el amor, la frustración y los deseos cumplidos o defenestrados en el camino de Isabel Vargas Lizano y convertirlos en algo terriblemente bello. Esa voz desgarrada que sale del fondo del alma y puede sacar una carcajada o una lágrima. Esa es Chavela Vargas, esa mujer que nos dijo: “Piensa en mi cuando sufras”. Pensar en esa voz ásperamente dulce que reflejaba una vida de lucha lorquiana, pero una vida en la que nunca perdió las fuerzas para gritar aquello que entonó junto a sabina en Noche de Bodas: “que el corazón no se pase de moda”. Esta es Chavela Vargas, la Vargas, la única Chavela y a la que le quedan muchas noches de parranda. Aunque la capilla ardiente, la prensa y demás lo nieguen, mientras alguien disfrute de la voz de la Vargas, la Vargas seguirá con nosotros.

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