Pollo frito como reivindicación del modelo de familia conservador, carne con un mensaje discriminatorio, lentejas con sabor a solidaridad y un remix de alimentos con un significado de integración social. Estos alimentos han dejado de ser meros productos de consumo, para convertirse en estandartes de valores sociales y estilos de vida. ¿Pollo homófobo? ¿Carne discriminadora? ¿Lentejas solidarias? ¿Menús con sabor intercultural? Suena realmente extraño, pero EEUU y Grecia han sido testigos de como prejuicios y valores toman un sabor propio.

Durante esta semana, los detractores del matrimonio homosexual han entonado sus consignas con las manos pringosas y el aliento con olor a pollo frito. El dueño de una franquicia de más de 1500 restaurantes de Fast food definía su empresa como un negocio que compartía el valor de la familia cristiana. Acto seguido, los conservadores estadounidenses, como Rick Santorum, convertían la franquicia en el baluarte de la familia del American Way of Life.  La mismísima Sarah Palin, se pringó las manos de grasas avícolas y elevó el pulgar en señal de aprobación a esta iniciativa contra lo que el exsenador de Arkansas, Mike Huckabee, denomina la arrogancia de los gays. Sin embargo, no solo los conservadores han hecho acto de presencia en estos restaurantes, se convocaron besadas en las sucursales de la franquicia., bajo el lema besa más polluelos. No será esta la única medida contra el pollo homófobo empleados de la cadena se desmarcan de las declaraciones y políticos estadounidenses han vetado a la cadena que está convirtiendo este plato típicamente americano en un plato asociado a prejuicios homofóbicos.

Dejando a un lado el típico Fried Chicken, el país de las oportunidades muestra con su gastronomía la amplia variedad de culturas que conviven. La inmigración ha sido el motor de este país y así lo demuestran las calles newyorkinas plagadas de sabores, de colores y texturas diferentes. Cada país ha traído su gastronomía  y Estados Unidos la ha americanizado de forma que en una calle pueden convivir las intensidades orientales, junto a los ardientes sabores mexicanos y la pasta que la tercera generación de ítaloamericanos sigue anunciando como la receta de la Toscana. Sabores que representan la diversidad, pero que con el tiempo muestran la homogeneidad del estilo del Fast Food americano. Sabor de integración cultural, en ocasiones degradación culinaria, a la americana.

Las aguas mediterráneas también tienen recetas con valores y prejuicios. El grupo político que dio la sorpresa en los comicios griegos, Amanecer Dorado, ha creado la carne racista. El proceso para convertir un alimento rico en proteínas en un alimento plagado de xenofobia es el siguiente: se instalan en una famosa plaza ateniense bajo la consigna de alimentos para los griegos; a todo el que pretenda beneficiarse se le exige documentación que acredite la nacionalidad helena para suministrar las provisiones prometidas. Como resultado fomentan el sentimiento racista entre la población, que ve a este partido neonazi como el que suple las penurias, que las políticas europistas les causan. Una carne que tal vez sea de primera calidad, pero cuyo precio social puede ser muy alto. No olvidemos que este partido es el mismo que prometió, entre otras cosas, reforzar las barreras con minas antipersonas para evitar la inmigración.

Como contraste, sin banderas, sin requisitos, las calles, plazas y callejones atenienses reciben la visita de un cocinero solidario. La receta de austeridad europeista se ve suplida por la solidaridad durante unas horas. Un parado más aparece con su carrito, con alimentos que pueden ser unas simples lentejas y cocina; cocina junto a gente a la que la crisis se lo ha quitado todo, pero a las cuales unas simples legumbres le pueden devolver lo último que se debe perder: la esperanza, aunque sea por unos momentos. Unas recetas sencillas, fruto de la solidaridad y la caridad de los convecinos, unas recetas cuyo sabor es el sabor de la solidaridad.

Vemos de este modo la confirmación de que todo comunica. A partir de estas polémicas determinados alimentos pueden tomar un significado intrínseco. El pollo frito toma desde ahora una dicotomía de valores: para algunos pasa a ser “bendito”, para otros un alimento que se ha convertido en un signo de exclusión social del colectivo gay. Sin embargo, cocinar de forma común y conjunta recordará a los helenos, en tiempos mejores que esperemos vengan pronto, que se han beneficiado de los pucheros del chef solidario como en los malos tiempos, habían buenas personas. Del mismo modo un taco americanizado recordará a los mexicanos residente en el país que han aportado parte de su cultura al gran business made in USA, que en buena parte ellos han construido a la que fue la primera potencia del mundo. Los inmigrantes residentes en el país de Hera tampoco olvidarán el sabor del rechazo al ver la carne negada. Encontramos de este modo recetas, ingredientes y comensales cuyos menús se verán aliñados con prejuicios, valores y significados subjetivos, al fin y al cabo, con sazón social.

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