Hoy tenía pensado escribir sobre la homofobia liberal. Un concepto acuñado por Mira y Borrillo; que define a esa parte de la población que tolera la homosexualidad siempre que no sea visible. Sin embargo, la actualidad ha dado un vuelco y hoy Twitter, Facebook, diversos medios y blogs tienen a la señora Ana Pastor como protagonista.En Libertopress, no va a ser Ana Pastor la protagonista, van a ser sus indignados los protagonistas de este post.

Sin pretender compararme con Mira y Borrillo, voy a tratar de acuñar un término, tal vez acuñado ya de antemano, la indignación liberal. El indignado liberal se caracteriza por sentirse un ser crítico. Sabe que tiene toda la información al alcance de un clic, pero no la suele utilizar muy a menudo. Por decirlo de alguna manera el indignado liberal es aquel que sabe que tiene motivos para estarlo, pero los ve de forma difusa y llega a tolerarlos. De este modo, el individuo continúa su camino hasta que surge un parón llámese hoy, despido de Ana Pastor. En este momento surge una eclosión de indignación, Twitter, comentarios en Facebook, gritos, el indignado liberal ha visto un motivo prominente para indignarse. Tras esta explosión, los hastag pasarán, el indignado liberal volverá al letargo y volverá a aceptar su rutina de indignación latente, pero dormida hasta nueva eclosión.

Durante este nuevo periodo de hibernación estos sujetos vivirán en una sociedad donde  en septiembre se producirá una nueva subida del IVA, algo cuyos buenos resultados pueden ser dudosos ya que la recaudación del IVA ha ido mermando;donde sus hijos, sobrinos, nietos, primos tendrán menos profesores y ratios que convertirán un aula en un espacio masificado; donde pensionistas con enfermedades crónicas se pueden dejar un buen pellizco de su pensión en botica, con efectos presentes en su día a día aunque sea rembolsable; donde profesionales con oposiciones se ven con el agua al cuello; donde se congela el empleo público y los puestos que queden libres tras la jubilación quedarán vacíos y un largo etc de motivos por los que indignarse. Motivos, que a no ser que sean protagonistas de una maravillosa campaña viral que despierte a la indignación liberal, seguirán siendo temas de conversación, temas de reportajes humanos, etc.…

No pretendo hacer una tesis, solo hablar de ese ciudadano que solo se da cuenta de que la cosa va mal, es injusta o hay problemas cuando le afecta a alguien mediáticamente reconocido o cuando el problema pasa de la rutina a los medios. Por eso, hoy más que nunca, un periodismo crítico, que sepa diferenciar entre noticias de prominencia y de interés social, se hace imprescindible. Porque bajo la apariencia de lo común y lo cotidiano hay muchos casos que deberían despertar indignación, sin embargo, el indignado liberal sigue en su hibernación hasta la próxima llamada de un caso prominente, y que ese caso sea social  o simplemente prominente es en buena medida obligación del periodismo.

Concluyendo, el indignado liberal es fruto de una información temporal, en ocasiones no accesible a todos los niveles, sin seguimiento continuo y con un fuerte arraigo a la prominencia; es esa persona que acepta lo indignante siempre y cuando no sea visible . Una vez que se acaba la difusión de este problema, que pasa a ser un tema del ayer, todo vuelve a la “normalidad. Pero como decía Federico García Lorca en sus obras, el hombre aguanta la frustración hasta un punto limitado, ¿Qué pasará cuando los estallidos no sirvan para calmar al indignado liberal? ¿Qué pasará cuando sean sus circunstancias  las que despierten su indignación dormida? ¿Qué pasará Cuando el indignado liberal pase a frustrado furioso?

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