Facebook, Menéame y una larga lista de plataformas sociales situadas en la red provocan infartos, celebraciones y funerales con cierta regularidad. Los bulos y el proceso de sobredimensionar declaraciones son el motivo de estos. Nos encontramos en una sociedad en red en la que ese refrán de que “Aquí el más tonto hace relojes” se ve remplazado por  “Aquí el más tonto crea un Trending Topic”; siempre y cuando sepa impactar a unos cuantos retwitteadores crónicos.

 La libertad de expresión, el tráfico de información y de opiniones convierten a la red en un ágora del siglo XXI. Pero al igual que pasó con el método utilizado en el ágora de tiempos clásicos, la dialéctica, la red puede ser utilizada para cosas que poco tienen que ver con la comunicación y el desarrollo. Ante este marco, aquellos que gozan o sufren de prominencia deben medir sus palabras y sus silencios; pues de ellos cualquier adicto a menciones, retweets y meneos puede sacar un hastag.

Los usuarios de Twitter asistimos, por ejemplo, al funeral de la Esteban; también nos ilusionamos al conocer el bulo de que Iniesta iba a donar su prima a los afectados por los incendios de Valencia, algo que algún buen señor o señora se sacó de la manga y que el jugador negó; las redes también nos han hecho ver que la indignación pública puede superar a los deportes de masas y que los derechos humanos pueden ser relevados a un segundo plano por un partido del siglo, de esos que se repiten una vez al año.

Anoche fuimos testigos de cómo se puede incendiar Twitter. González Pons, el prominente miembro del Partido Popular, sentenciaba a la Televisión de Murcia, 7RM, con unas palabras que más tarde catalogaría de desafortunadas: “La televisión murciana cerrará si no mañana, pasado”. A primera hora de la mañana Pons aseguraba desconocer el futuro de la televisión, pero la noche de angustia a aquellos trabajadores que hayan visto su puesto de trabajo desaparecer, según los Hastags #7RM, González Pons y Televisión murciana, no olvidarán a este hombre con facilidad.

Pese a estos amargos episodios, las redes sociales nos permiten compartir inquietudes, pensamientos y apoyo. Nos permitió, y permitirá, gritar virtualmente a Gabriel García Marquéz que aunque él olvide, nosotros no lo haremos. Nos permite darnos cuenta de que los problemas, las frustraciones y las alegrías son compartidas por muchos, lo que da lugar a la ruptura de espirales de silencio que anulan la independencia y el espíritu crítico del individuo. En fin, la red tienen el poder de conmocionar tanto positiva como negativamente. Un tweet nos puede alegrar el día o crear negras sombras sobre el futuro de este; por eso hay que estar prevenidos sobre la conmoción que la información provoca. La conmoción, ese efecto secundario del 2.0.

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