110 966, este fue el número de mujeres que en el 2010 interrumpió su embarazo en una clínica regularizada según el INE;  14 103 de estas eran menores de 19 años.  Las estadísticas que el INE ofrece abarcan desde 2001 hasta 2010, en estas fechas los abortos legales han aumentado en más de 40 000 intervenciones. Cifras que dejan patente la necesidad de educación sexual que profesa la sociedad española.

La falta de estadísticas en el pasado nos impide descubrir cuantas mujeres viajaron en los vuelos charter con destino a Londres; o aquellas que se vieron prisioneras del miedo y terminaron ensangrentadas en un colchón, víctimas de un aborto casero. Londres no estaba al alcance de todas, aunque las había que estaban dispuestas a todo. Sin embargo los remedios caseros, las alcahuetas ,que como la Celestina de Rojas restablecían virgos, si lo estaban. La práctica del aborto clandestino ha sido causa de terribles sufrimientos para muchas mujeres.

Los métodos clandestinos son variados y bien remunerados. Un vistazo a la red es suficiente para ver a alcahuetas 2.0 recomendando infusiones; a participantes de foros comprensivos que recomiendan tal pastilla para acabar con “el problema” e incluso ofreciendo hipervínculos a webs donde pueden encontrar las pastillas que supuestamente acabarían con este. Las viejas costumbres tampoco se olvidan, especialmente en las clases más bajas la figura de la abortera sigue ahí. Un reportaje del diario la Vanguardia de México pone de manifiesto los métodos de tres de estas “Señoras”. Las doñas ofrecen diversidad de métodos entre ellos, el uso de inyecciones y pastillas para echar “el producto”, nombre que recibe el feto; también recomiendan el consumo de infusiones, es especialmente conocida una hierba para este cometido, su uso puede llegar a ser mortal o a provocar una malformación en el feto; otro método insalubre y repulsivo es el uso de una sonda, que será reutilizada en días posteriores si es menester, para “limpiar y rasgar” el útero.

El aborto legal cero, algo que piden asociaciones provida, podría desencadenar en un nuevo despertar de oportunistas, de viajes relámpagos y de nuevos estigmas legales que se aunarían a los sociales, que aún anidan en nuestra sociedad. Esto no es una aporía del aborto, es una defensa del respeto a las circunstancias y la reclamación de que una educación sexual digna sea un derecho básico. El aborto no es un tema frívolo, del mismo modo que la circunstancias de la mujer que decide llevarlo a cabo. En esta tesitura se hace imprescindible que la mujer y el hombre sean conscientes de la importancia de las relaciones sexuales, que se conozcan los métodos anticonceptivos y las consecuencias de su desuso o su uso negligente. Tal vez, sea hora de que los padres vean a sus hijos a partir de cierta edad como lo que son, personas que pueden ser padres en cualquier momento. Reconocer este hecho y tomar cartas en el asunto, pedir ayuda para abordar este tema que aún es tabú y ayudar a que la maduración sea algo más que el desarrollo físico, que sea el desarrollo de la responsabilidad para consigo mismo y para con su pareja.

Concluyendo, hemos olvidado la transición en el tema de lo sexual. De tabú y quehacer de “brujas” hemos pasado a tener a nuestra disposición métodos anticonceptivos y fármacos e intervenciones de emergencia, como la píldora del día después; pero hemos olvidado enseñar las consecuencias de su uso, desuso y abuso. Tal vez, tenga tanta importancia enseñar a pedir un paquete de preservativos sin ruborizarse, como enseñar a ponérselo. Tal vez, sea mejor anteponer la educación a la penalización. Tal vez se deba apostar por el diálogo, en lugar de usar la vía del decreto y la moralina, tan infértil en tiempos pasados.

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