Una vicepresidenta flanqueada por dos ministros, Guindos y Montoro. Esta era la representación enviada desde el cuartel central de Moncloa para explicar las últimas armas. Armas importadas desde Bruselas, con el sello de fabricación alemán, ese que tanto escandaliza a los de la Gran Bretaña. Tomaron asiento, ella en el centro, Guindos a la diestra y Montoro a la siniestra, posiciones adecuadas a su actitud.

Comienza la ametralladora verbal, Soraya no se para a respirar, hay tanto que decir. Reforma a reforma, contadas con un amago compungido en el rostro, que rechina con los aplausos al discurso de su superior en un pasado cercano, y la mayor velocidad que sus labios podían adoptar. Crecimiento, competitividad, cambio, esperanza son protagonistas en el léxico en la vicepresidenta; una prueba de que la única esperanza es despertar el lado irracional del auditorio, porqué la razón es más compleja de convencer. Sigue con rapidez, tanta que en Reuters olvidan de su apellido. Al final parace los únicos que no irán a batalla serán los chiringuitos, el resto está por ver.

Se vuelve a siniestra, Montoro preparado. Cual capitán que ha de pedir sacrificios a sus soldados ,por órdenes de sus generales, comienza su explicación de la estrategia. Diseñada en Bruselas y aplicada a España. Montoro se dirige a los funcionarios, aquellos que “han renunciado” por decreto a su paga extra,  promete una compensación,  promete una España con una economía totalmente distinta, promete esperanza para 2015. Es el turno del arma más temida por muchos, el IVA, se sacará a la calle a partir de septiembre y con se espera recaudar 29.000 millones de euros netos para la causa. Con esto el IVA al 21% no aplastará el turismo veraniego, pero si hará de la “vuelta al cole” una odisea para muchos.

Vuelco a la diestra y aparece un De Guindos directo, no hay rastro de los amagos compungidos o los intentos épicos de sus antecesores. Los comercios del campo de batalla se ven liberalizados en ciertos aspectos. Los pequeños empresarios podrán abrir más días festivos, más horas. Todos los comercios ven el periodo de rebajas liberalizado, ellos deciden. Así, los pequeños comerciantes tendrán que afrontar las rebajas de las grandes superficies, que serán más frecuentes,  y la obviada subida del IRPF a autónomos con horarios más amplios y trabajando en más festivos. Las comunidades autónomas también están en el punto de mira. Cinco de ellas en concreto. Guindos explicó que a estos cuarteles afectados por el enemigo se les inyectaría un máximo de 18000 millones de euros, procedentes del Tesoro y de Loterías del Estado. Este tendría un concepto de préstamo, pero con condiciones cuyo incumplimiento podría dar lugar a la intervención, estilo bruselense como casi todo en esta batalla.

Las dudas del auditorio físico desvelaron que el IVA, para Montoro, era una medida circunstancial y se revocaría cuando las circunstancias lo permitieran.; que aquellos que fracasaron en la pugna contra la crisis dejarán de recibir su pensión compensatoria, si tienen alguna actividad remunerada; que se igualarían los salarios para que un concejal no cobre más que un ministro; que los aplausos de Rajoy fueron de apoyo por su “sacrificio” según Saenz de Santamaría, que para Montoro todas las comunidades deben de cumplir con la ley, independientemente de su colaboración con la trampa; que todo menos lo básico, el transporte, turismo y bebidas refrescantes junto a otros productos de la cesta tendrán un IVA del 21%.

Esta fue la última batalla que el ejecutivo de Mariano Rajoy ha plantado a la crisis. Con armas que entraran en combate a efectos inmediatos, otras que tardarán unos meses. Armas que dejan como víctimas a dependientes; a la cultura que deja de ser básica, para una sociedad en la que la educación parece estar dejando de serlo; pequeños empresarios y consumidores sin aguinaldo o con una reducción de su prestación por desempleo. Una batalla que discursivamente tiene su final feliz en 2015, pero que sobre los papeles será, como todas las batallas, condicionada a la efectividad de sus armas, a la capacidad de los estrategas y a la ayudas de sus aliados. Es la última batalla contra un monstruo creado por la ambición, la mala gestión y la pasividad, es una guerra en la que el enemigo ha tenido el factor sorpresa y la falta de coordinación política de su parte . Es la última batalla presentada nacionalmente, aunque con armamento europeo. Es la última batalla firmada por Mariano Rajoy y contada por su equipo.

J.David Pérez García

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