Objetividad, para muchos es la meta de la profesión periodística. Sin embargo, muy pocos se molestan en descubrir que es esto. La objetividad es lo referente a un objeto, es decir, aquello que tiene una prueba, que es contrastado y que tiene el respaldo de argumentos empíricos. La otra cara de la objetividad, que muchos periodistas han tomado como la auténtica, es la de la asepsia, la de la planicie en la información. Este es el tema del que hoy me gustaría divagar, pues al fin y al cabo, lo único que con mi limitada experiencia puedo hacer.

Sobre el relato periodístico contrastado u objetivo poco se puede decir, es cuestión de llevarlo a cabo con los recursos y las colaboraciones adecuadas. El problema que este encuentra es doble. En primer lugar, se encuentra la degradación de la profesión periodística y la imposición de unos objetivos comerciales. Por otro lado,  la compleja tesitura económica que está afectando a todos los sectores y la ceguera imperante en cuanto al uso de la red. Nos encontramos en una etapa en la que se cree que cualquiera puede ser periodista, que la documentación es buscar en un par de webs y en la que se olvida que el periodista es un historiador del presente. Este es el motivo por el cual no debe obviar los antecedentes, los cuales le hacen narrar sus historias hoy. Pese a esto, muchos abandonan el contexto de sus noticias y proceden al proceso de retroalimentación. La búsqueda de una clientela fiel, de un público que consuma publicidad y al que vender al mejor postor; se ha convertido en una máxima, no de los periodistas pero si de quienes pagan sus nóminas. Con este modelo de negocio, el fin de muchos medios ha pasado de informar a facturar. Pero no se debe confundir, nunca, con el fin de un periodista.

El auge de la retroalimentación se une con una nueva forma de ver la objetividad. Esta responde a los adjetivos de plano, aséptico y antisocial, es decir, todo lo contrario al periodismo. En aras de mantener un tono “objetivo” se pierde la voz humana y critica, inherente al periodismo. En esta batalla, en la que se lucha contra la sensación; luchan las citas textuales, los eufemismos y los tecnicismos, contra la claridad, el espíritu crítico y el deber humano de la profesión. Así encontramos historias convertidas en simples cifras y consecuencias reducidas a silencios.

Los problemas para ser objetivo abundan, las oportunidades también. Nos encontramos ante una sociedad en red que nos permite comunicarnos, pedir opiniones y contrastes.  Las historias humanas y de la calle han dado el salto a blogs y a perfiles sociales, algo que nos permiten localizar la historia que cada noticia necesita. Por tanto concluiré haciendo la rebatible afirmación de que pese a la complejidad de los tiempos, las herramientas para hacer una información humana, contrastada e informativa están ahí. Una información que procediendo solo de una fuente, nunca será totalmente indiscutible. Esto se debe la labor del periodista es mostrar todas las caras posibles de una realidad, ya que una sola persona no puede abarcarlas todas, pero esta siempre se contrapondrá a la de alguien que vea otra y posiblemente con otros argumentos. Esto no es un problema, es un paso, un cambio. Es la evolución del periodismo cerrado y del liderazgo de opinión a un periodismo donde el relato de la actualidad, cuidado y contrastado, es ofrecido por un profesional. A la vez que es completado por aquellas personas que también la viven, solo que desde otra perspectiva. Por esto estamos en una época en la que podemos ser objetivos, crear una objetividad conjunta, en crecimiento, siempre y cuando existan profesionales para coordinarla, contrastarla y explicarla y el conocimiento para usar las herramientas que la hagan una realidad.

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