Ayer, a altas horas de la noche, interrumpieron mis tribulaciones. En estas divagaba sobre las dotes oratorias de la alcaldesa de Madrid, el look juvenil y patriótico de Saritísima en la portada del medio que todos sabéis y esos 40000 millones que parecen llevar implícita la palabra rescate. Pero todo esto se fue al traste cuando ví esto:

Este vídeo es la presentación satírica y con connotaciones cuanto menos realistas del Madrid que nos espera en la segunda década del siglo XXI. En tres minutos, los autores de este microfilm nos relatan dos caras del derroche: la autodegradación y la hipoteca medioambiental que generamos sobre nuestros descendientes.

A primera vista pueden parecer metáforas o hipérboles de la realidad pero ¿sabes qué productos consumes? Ingredientes encriptados bajo letras milimétricas y términos solo aptos para entendidos en nutrición se esconden en las etiquetas. Ya no solo hablamos del consumo directo, la contaminación del agua, el aire y los recursos naturales en general degradan nuestra salud, más que si comiéramos una bombilla o bebiésemos ron con aceite. Estos efectos nocivos sobre nuestra persona son fácilmente rebatibles con la máxima de libertad individual del liberalismo. Pero con estos excesos vamos más allá de nuestra persona, de nuestro colectivo o de nuestra generación o nuestros contemporáneos. Los derroches de hoy son las privaciones de las generaciones del mañana. Tú decides si vas a tirar por la basura su futuro o vas a respetarlo. No podemos pretender legar una herencia medioambiental íntegra, pero si hacerlo lo mejor posible.

Muchos de los que lean esto pensarán que es irrelevante, que en estos tiempos donde la sombra del rescate nos acecha hay que hablar de ello, etc. Lo que se pretende salvar con estos rescates es una banca basada en dinero fiduciario y dirigida por seres humanos que ,al menos algunas horas al día, respiran el mismo aire que el resto de los mortales. Un sistema que ha surgido y crecido a expensas del medio ambiente. Es innegable que con paro, con déficit, con inflación la vida es dura, es de crisis pero ¿Cómo sería la vida sin aire? ¿Cómo sería el futuro sin nada que ofrecer a nuestros hijos? ¿Cómo quieres que sea, realmente, Madrid en 2020?

Puede que muchos se hayan olvidado del futuro ante esta crisis. Puede que el I+D+i y las energías renovables sean víctimas de la austeridad. Pese a todo esto, trabajos como este demuestran que los tiempos de crisis no tienen que ser tiempos sin conciencia.

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