Una sociedad que clama venganza contra unos muñecos de trapo animados por voces satíricas contra el deporte español y que dan un trato negligente a un tema tan preocupante como el dopaje. La misma sociedad integrada por aquellos que se quedaron hibernando mientras que el mundo cambiaba y se preparaba para estallar, ¿Quién defendió los suelos explotados hasta la saciedad por la especulación?, ¿Quién pidió que se respetará la fiscalidad cuando pagar en B era lo que estaba en boga? y ¿Quién pidió el cierre de aquellos que hicieron de la especulación su modo de vida? Irónico que tenga que ser unos guiñoles los que hagan hervir la sangre de aquellos que se comportaron como peleles.
Aquellos que hoy culpan a bancos, políticos y demás miembros de una sociedad que hemos permitido y hemos creado. Sin duda alguna la actitud de la banca no ha sido el gran ejemplo de ético, los políticos se han querido refugiar en errores del pasado y han olvidado que su misión era gobernar hoy para poder vivir mañana pero ¿Quién firmó guiándose por la ambición y por las promesas?, ¿Quién permitió pasivamente que las oportunidades del hombre no las tuviera este sino su banquero?, ¿Quién no se dio cuenta de lo que la ambición y la especulación, religión oficial que fue seguida a rajatabla por el casero como por el banquero, nos iban a traer?, que salve a la sociedad aquel que no se dejo deslumbrar por el lujo del ladrillo y las hipotecas astronómicas sobre pisos diminutos.
Somos animales ambiciosos que olvidaron su esencia racional y dejaron que el instinto los llevará a la estrella que más brillaba o que más prometía rentabilizar. Animales que  se fueron alejando de la lucha, que dejaron a un lado el legado que habían recibido y desde el trabajador al sindicalista se durmieron cegados por el brillo de la gran burbuja. Y este sueño convertido en pesadilla ahora no se arregla con gritos, petardos y demás. Ahora hay que empezar casi de cero, se debe ver la factura física e ideológica y ver si se puede salvar algo.
Ahora desde el asesor bancario que vendió hipotecas basuras hasta el peón que compró un piso y permitió que lo tasaran a precio de oro para poder comprarse un plasma se ven en el mismo barco, en el que no tiene rumbo, en el que no tiene destino, en un barco de hombres que solo conocen la desesperación. Y en este instante entre circo y circo, entre gritos vacíos están las lágrimas del que solo tiene recuerdos, las risas del que ha hecho de los sueños ajenos fortuna propia y el miedo a no saber que pasará mañana de la gran mayoría.
Si hubiéramos dejado de ser peleles, nos hubiéramos enfurecido con aquellos que nos vendían la crisis, como con los guiñoles, que diferente podría haber sido todo…

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